Publicado en la revista "El Pilar" en Agosto de 1961

«BENDITA Y alabada sea la hora ... » Hecho imborrable acaecido el 2 de enero del año 40 en la orilla izquierda del río Ebro, en la Inmortal Ciudad de Zaragoza. La Santísima Virgen descendió del cielo en carne mortal y sus palabras fueron como un tonificante de fe y sirvieron como luz esperanzadora para España y, muy especialmente, para Aragón.

La Virgen vió en el corazón de los aragoneses la estirpe de un cristianismo puro, de donde surgiría la caridad que sería esparcida por todo el ámbito de España y en el extranjero. De ahí derivó la frase excelsa de: «Scio hanc Hispaniae regionem fore mihi devotissimam et ego eam sub patrocinio meo recipiam», «Sé que España será devotísima mía, y yo la tendré bajo mi patrocinio guardada y protegida».

Con el fin de que el magnánimo milagro fuera imperecedero y divino, nuestra Madre nos legó la virtud de poderla contemplar colocándose sobre el Pilar. A ninguna nación ha hecho María tantas misericordias y finezas como a la de España, pero también es cierto que en devoción y obsequios a la Celestial Señora, es nuestro suelo el más primicerio y fervoroso. La dádiva mayor con que la Santísima Virgen ha distinguido a España del resto del mundo. fue su venida en carpe mortal a la ciudad de Zaragoza, porción nobilísima de España, donde el Apóstol Santiago le consagró el templo del Pilar, siendo el primero que tuvo nuestra Madre estando en este mundo. Infinidad de templos existen en España dedicados a la Virgen María. Solamente el rey D. Jaime erigió a la gran Reina y Soberana dos mil iglesias.

La región de Aragón se ha distinguido siempre por las muchas ímágenes milagrosas de esta Princesa Divina, mereciendo destacarse la de Tauste, con el título de Sancho Abarca. Milagrosa fue la aparición de esta renpresentación o encarnación de la Virgen María en el monte de la villa que lleva su nombre, ante los ojos de un piadoso pastorcillo. Rehaleros existen, y con ellos va ligado su amor a la Protectora que tanta confianza depositó en los mismos. Prueba fehaciente lo indica en Tauste la Asociación de Ganaderos que donó a su dilecta Patrona, la Virgen de Sancho Abarca, una magistral carroza, donde se posa con inenarrable belleza la imagen de la Virgen María, juntamente con un corazón aragonés, como es el pastorcillo del valle.