DESCRIPCIÓN  CONCORDANTE DE MI HOMENAJE PÓSTUMO A LA FIGURA DEL RAPSODA Y POETA PÍO FERNANDEZ “CUETO” Y DEL CINEASTA Y POLIFACÉTICO ALBERTO SÁNCHEZ MILLÁN A TRAVES DE LA OBRA “LAS MANOS DE EURÍDICE"

FERNANDO BERMÚDEZ, quiere servirse la de magnífica obra en dos actos, extraordinario monólogo como describo más abajo, para rendir homenaje a dos personas que amaron el arte con todas las energías que el cuerpo humano nos proporciona, el alma y el corazón. Cada uno de ellos a su manera y estilo.

A los dos los conocí y traté; El primero de ellos, Pío Fernández “Cueto” para mí el mejor rapsoda que ha tenido España en el siglo XX. El segundo, a mi amigo Alberto Sánchez Millán un hombre, a veces incomprendido en el medio que él y yo, nos desenvolvíamos. Alberto era un amante del 7º arte. Lo llevaba implícito en su sello.

Recuerdo aquella mañana a primeros de mayo del año 1.984, cuando se sentó enfrente de la mesa que yo ocupaba y con aquellos ojos grandes de mirada penetrante, tras sus gafas de concha me abordó y sin mediar otras palabras me dice : “Tienes que colaborar y hacerme un guión corto cinematográfico para el concurso que hemos organizado”. Mi respuesta fue inmediata: “Alberto hace que no he escrito un montón de tiempo”. Y la suya también: “No me toques… las narices, que de vez en cuando te leo en Heraldo. El guión no tiene que sobrepasar de diez folios, a una sola cara. Estamos sin apenas originales. Así que haz el puñetero favor de colaborar”. Mi contestación fue: “Dentro de veinte días te pasas a recoger la plica. La tendré en sobre cerrado y con seudónimo”. “De acuerdo hermano. Un amigo”. Se marchó como siempre, deprisa con su cartera colgando al hombro.

Lo mío nunca había sido ni el teatro, ni mucho menos un guión de cine aunque se tratase de un cortometraje. Me vino a la mente las manos de Eurídice que tan magistral interpretaba Pío Fernández Murieras “Cueto”.

A Pío Fernández Cueto, un vasco sutil, lo conocí en el año 1.952, en mi pueblo natal de Tauste, teniendo yo 8 años. El día previo a su interpretación en las escuelas nacionales, nos avisó el director de las escuelas que nos visitaría un poeta y que voluntariamente el que quisiera durante el recreo, nos recitaría unos versos de diferentes autores españoles (José María Pemán, Juan Ramón Jiménez y García Lorca). El acto era gratuito. Únicamente si alguien quería entregar algunos céntimos sería a la voluntad de cada cual. Yo lo comenté en casa, y mi padre que conocía a Pío, me dio 5 duros.

Eran tiempos penosos y al día siguiente, los niños y niñas, más de la mitad salieron al recreo. El resto oímos la voz de Pío como recitaba los cuartetos y sextetos. Al finalizar el sombrero del director de las escuelas, situado prudentemente sobre una silla recogió el dinero que voluntariamente depositamos. Pío hablaba con los profesores, sin mediar ánimo alguno por observar la recaudación. A mí me cautivó el acto. Una persona con semejante preparación, ganándose la vida yendo de pueblo en pueblo.

Volví a ver a Pío Fernández Cueto, diez años más tarde. Yo tenía 18 años. Me lo presentó mi padre, Gregorio Bermúdez Usán, persona altruista y sumamente culto. Por aquel entonces, yo escribía prosa en abundancia, y no tocaba tan apenas la lírica. Sí me gustaba recitar de tarde en tarde, de mi fiel amigo el libro de las mil mejores poesías, que me había regalado el gran poeta Francisco Ayala, y que lo conservaba y conservo como oro en paño. Recuerdo su cara aguileña y mirada siempre de enfado, entre tinto y tinto decirme: “Cómo vos sólo os dedicáis a la escritura en prosa, os acuso de petulancia por no compartir la lírica. No sé cómo bebo vino con vos” D. Francisco Ayala nació en Granada, pero estuvo exiliado en Buenos Aires durante muchos años. Regresó a España provisionalmente en el año 1960, y su acento al hablar, en aquel entonces, era genuinamente argentino. ¡Qué pretérito tan bonito viví…!

Pío aquel otoño del año 1.962, llevaba en el “candelero” la obra de Pedro Bloch; Las Manos de Eurídice. Plato fuerte. Se le preparó el salón más vistoso, que existía en el palacio de los Marqueses de Ayerbe de Tauste. Y cómo no se llenó el salón, encabezado por el alcalde presidente del ayuntamiento D. Antonio Jaraute Bayarte, todas las fuerzas “vivas” del pueblo y numerosísimo público que abarrotó el salón principal del palacio. Fue un éxito en todos los sentidos.

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LAS MANOS DE EURIDICE, obra escrita por Pedro Bloch, es una curiosísima pieza de un solo personaje. Es la historia de un hombre que vuelve a su casa después de siete años. Allí no hay nadie. Ni su mujer ni los dos hijos que había abandonado. La puerta está cerrada y ni el timbre ni sus golpes reciben contestación. Revisa sus bolsillos buscando la antigua llave para poder entrar, pero sin éxito. En creciente desesperación, comienza a hablar en voz alta con los espectadores, a quienes ya había saludado a su entrada desde la platea hasta el escenario. Desde ese momento crece el clima de intimidad entre el actor y el público. Conversa, interroga, muestra fotografías, documentos... introduce en su historia a toda aquella multitud. Gumersindo Tavares es un símbolo. Su caso parece un conflicto puramente emocional, amoroso. Pero el conflicto sería idéntico si aconteciera en el terreno político o en otro cualquiera. "El hombre de hoy, declara BLOCH, no procura solución para su errores. Limítase a encontrar justificativo para seguir errando. Una vez encontrada la justificación restablece el pseudo equilibrio emocional y persiste en el error hasta el momento en que se encuentra solo, perdido en su angustia. La historia de LAS MANOS DE EURIDICE es la historia de toda la gente, la síntesis de la desesperación y angustia de nuestros días."

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Fernández Muriedas «Cueto», Pío

(Bilbao, 1903 – Santander, 1992). Actor y recitador, «el más conectado con la vanguardia de los de su tiempo» según J.M. Bonet en su Diccionario de las vanguardias españolas del siglo XX (Madrid, 1995). Dio su primer recital en Maliaño en 1919, y en 1921 entró en la compañía de Margarita Xirgú con la que viajó por América Latina. Ya en 1924 recorre numerosos centros culturales españoles dando recitales con poemas de Larrea, Diego, Alberti, Huidobro y García Lorca, y entra en relación con los miembros de la generación del 27. En la revista Zaragozana Noreste, G. Diego elogia uno de sus recitales. A través del pintor Pancho Cossío conoce a Carlos Enríquez, con quien trabaja en Castro Urdiales. El golpe militar del 36 le coge en Llanes (Asturias) y durante toda la Guerra Civil posterior desarrolla una intensa labor como activista cultural, acabando exiliado en campos de concentración franceses. A su regreso a España ingresa en prisión.

En la primera época de la posguerra sobrevivió con dificultad en Bilbao, con la ayuda de, entre otros, Agustín Ibarrola, Miguel Labordeta, Blas de Otero y Chillida. Ocasionalmente pintó y escribió poemas. Durante una de sus largas y habituales estancias en Zaragoza —en una de cuyas alegres noches acabó solo, sin dinero, con dolor de cabeza y vestido de legionario romano en la estación de Chamartín de Madrid— convenció a Miguel Labordeta para que le escribiera una obra de teatro para él, y así representó el papel principal, el de «Ángel», en Oficina de Horizonte, en el estreno en el Teatro Argensola (6-XI-1955). En esta ciudad dio también numerosos recitales poéticos: en el colegio Santo Tomás, en librería Pórtico, etc.

Sobre él pueden consultarse el libro de conversaciones de Jesús Pintado, Pío, pueblo y poema, (Bilbao, 1976), con prólogos de Dámaso Alonso y Antonio Buero Vallejo, y Los poetas cantan a Pío Fernández Cueto (Muriedas), (Santander, 1969), con poemas de Aleixandre, Celaya, Cela, Julio Antonio Gómez, Manuel Pinillos, I. M. Gil D. Alonso, Plá y Beltrán, etc. y dibujos de Cossío, Eduardo Vicente, Olasástegui, etc).

HORA DE ESTRELLAS

De Federico García Lorca

El silencio redondo de la noche
Sobre el pentagrama
del infinito
Yo me salgo desnudo a la calle,
Maduro de versos perdidos.
Lo negro, acribillado
por el canto del grillo,
tiene ese fuego fatuo
muerto,
del sonido.

A Pío Fernández Cueto

 

Alberto Sánchez (07-08-1943) (07-10-2009) nos ha dejado tras una vida dedicada enteramente a la fotografía y el cine. Figura imprescindible del cine independiente en Aragón, abarcó todos los ámbitos del séptimo arte: operador, fotógrafo, realizador, crítico cinematográfico, escritor, promotor cultural… Era presidente de la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza, miembro del Comité de dirección del Festival de Cine de Huesca y pertenecía a la Tertulia Cinematográfica Perdiguer.

Junto a su hermano Julio, fotógrafo y director de cine, desarrolló desde los años 60 una importante labor como miembro del Club Cine Mundo, y fue cofundador de los cineclubs La Salle y Gandaya. Alberto permaneció vinculado a este último hasta 1991 y fue, además, vicepresidente de la Federación Española de Cineclubs y presidente de la aragonesa.

Como programador cultural jugó un papel esencial en el departamento cultural de Ibercaja desde el que organizó diversos ciclos cinematográficos. Su pasión por el cine y su intensa dedicación por difundir y divulgar sus experiencias y conocimientos cinematográficos ha hecho que generaciones posteriores hereden ese entusiasmo por la fotografía y el cine en una tierra adusta, como es Aragón, en la que el talento y la dedicación de hombres de cine, como Alberto, supieron sembrar en ella el camino para futuros cinéfilos.

Alberto se ha ido pero seguirá en nuestra memoria como uno de los grandes agitadores culturales de Aragón. Y allá donde esté seguirá, seguro, hablando de fotografía y de cine con el empeño y la vehemencia que marcaron una vida de cine.

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Como consecuencia de la interrelación de Alberto Sánchez Millán, éste modesto autor, y Pío Fernández Cueto, salió el guión de un corto metraje, que no ganó el Primer Concurso de Guiones Cinematográficos, organizado por la Sociedad de Zaragoza, a través de su sección de cine. Cuando me devolvieron el original con el Fallo que se verá al final, Alberto me contó; “Macho, para hacer un corto con tu guión había que quitarle a Pío cuarenta años, ahora no hay dios que interprete esto”.

Y ahí va el guión: Está mecanografiado, y habrá faltas. Se adolecía de los adelantos de ahora.

Recomiendo paciencia, para todo aquel que no haya leído un guión de teatro o cine en vivo.

Es curioso y deseo que ustedes disfruten con la lectura. Gracias por su paciencia.