Publicado en "Heraldo de Aragón" el 27 de Enero de 1985

A muchas personas la palabra ocio les suena mal porque inmediatamente la asemejan con una falta de actividad seria y, en el peor de los casos, hasta el de un vicio mal adquirido. Nunca mejor que en los tiempos actuales para analizar la importancia del ocio.

Si tomamos cualquier diccionario de la lengua española podemos leer su defmición: «Cesación del trabajo, descanso. Diversión u ocupación agradable. Obras de inge¬nio hechas en los ratos que dejan libres otras tareas, etcétera». Estos conceptos del ocio, en una sociedad pluralista y de vanguardia, encajan profundamente para que el ser humano intente descubrir su propia personalidad, independientemente de la vida laboral.

El ocio bien llevado es una terapia tan aconsejable como el sustento alimenticio. Me atreveria a decir que el ocio, no tardando mucho, llegará a ser una especie de asignatura colegial, la cual destacará en importancia gradualmente conforme pasen los años. Ahora, y de forma poco convincente, se les enseña a los colegiales una serie de actividades denominada pretecnologia, en la que, sin pretender serlo, se atisba este principio de encauzar al niño en una serie de trabajos manuales, que en la mayoria de los casos el chaval no lo acepta de buen grado, por ser impositivo, y en definitiva son los padres quienes terminan por realizar el trabajo.

No estoy conforme con el sistema, porque al adolescente habria que dejarle crear su propia iniciativa en la presentación de las tareas, cualquiera que aquella fuese. Este sería un método más eficaz para analizar la tendencia de aquella persona en su aspecto de intelecto natural.

No debemos olvidar que, debido a la invasión de la tecnología cientifica, se está produciendo un desequilibrio en la sociedad que hace recomendable la práctica del ocio personal y colectivo. Las razones son obvias. Si la mente humana está creando una serie de máquinas e instrumentos que relegan a la persona, no a un segundo término sino como mero usuario de la misma, sin mayor atractivo que comprender su mecanismo, llegará un momento de atonía, en el cual el humano, como tal, precisará de un aliciente sencillo que complazca su propia personalidad.

Y en cuanto a la vertiente económico social, está claro que la informática y telemática aplícadas están disminuyendo mano de obra. Este fenómeno no podrá paliarse ni por disposiciones ortodoxas de cualquier legislatura ni por los sistemas económicos más avanzados. La solución equilibrada será la reducción de las jornadas laborales y creación racional de mayor número de puestos de trabajo. No tardaremos muchos años para ver la jornada laboral reducida a 25 o 30 horas semanales. Para entonces, las nuevas generaciones tienen que ver ocupadas sus horas en un ocio constructivo que les haga sentirse satisfechos como personas, y a la vez encontrar su propia personalidad. Por eso, aludía antes, la importancia de saber encauzar a los niños en actividades que a posteriori serán sus próximos complementos.

Actualmente, hay un sector de población adulta que descubre, incluso tardíamente, esa vocación, y la pone en práctica. Algunos de ellos, cuando llevan cierto tiempo de adiestramiento caen en la tentación de profesionalizar o pluriemplear su ocio mercantilizándolo. Esto tiene tanto de bueno como de malo. Más bien diría de lo último, porque si no precisas el dinero para el sustento, puede darse el caso de sentirte frustrado y decaer el ánimo. No hay que confundir los términos y saber lo que es propiamente el ocio como entretenimiento, sin llegar a la versión última.

Goethe nos dice que para alcanzar la máxima felicidad de los humanos hace falta tener una personalidad sólida, es decir, bien definida y segura de sí. Para conseguir esta defmición, no cabe la menor duda de que el humano precisa cultivar un ocio constructivo.

A veces nos dejamos engañar de las personas que dicen ser extrovertidas (asomadas al exterior) y que generalmente son empleadas y utilizadas en puestos de trabajo de mucha sonoridad y amplias relaciones sociales. Generalmente estas personas entienden por tal el papel del personaje que desempeñan que llegan a subordinarse e identificarse totalmente. Terminan por no ser otra cosa que el «señor director, el «señor consejero», etcétera. Por esta razón suelen estar amenazados de una erupción del subconsciente al edificarse una fachada que va en desproporción a su verdadera personalidad. Generalmente estas personas nunca se jubilan, y cuando lo hacen están frustradas y nada les llena su vida. La razón es la falta de la utilización del ocio.

Complemente su vida haciendo trabajos de cualquier índole, hay infinidad, No le reste importancia con la frase «no tiene importancia», porque la tiene. ¡Ah! Y sobre todo no olvide que las cosas más pequeñas son las que hacen más feliz al hombre.